Por prohibir uno puede prohibir lo que quiera, que después le hagan caso es otra historia.
Este jugador no quiere perderse detalle del partido y no duda en hacer sus necesidades en el centro del campo.
Nunca pensé que los teclados de los portátiles fueran tan rígidos. Una buena meada, y tengo aseguradas las galletas que tanto me gustan, y además, el dueño contento.